Las cicatrices pueden crear efectos sensoriales no deseados.

La piel, de hecho, contiene sensores microscópicos que permiten sentir el tacto, la presión, el calor, el frío y el dolor. En los trastornos posturales interviene solo la parte relacionada con el tacto.

Las cicatrices, aunque pequeñas, pueden crear dificultades por parte del cerebro para reconocer correctamente esa zona particular del cuerpo: crean una especie de «anestesia» de la zona cicatricial. Esto puede reflejarse en adaptaciones «sensoriales» a menudo negativas y posturológicamente desequilibradas.

Existen diferentes soluciones para el tratamiento de las cicatrices. Una posibilidad es el uso de vibración porque se puede hacer en casa, el costo es contenido, los resultados son óptimos. El inconveniente es la constancia y el tiempo de tratamiento. El propósito de la vibración es «despertar» el área afectada precisamente a través de esos mecanismos estudiados por la neurociencia. Otra técnica es la terapia neural. Es más rapida, generalmente 3-4 sesiones, en intervalos de 2-3 semanas, y no depende del paciente. Al requirir sesiones clínicas el coste es ligeramente más elevado que la vibración. Indicaremos un procedimiento u otro en función de las características del caso.