“Nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos.”

Aristóteles.

Nuestro cerebro gobierna casi todas nuestras acciones, está constantemente recibiendo y procesando estímulos sensoriales generales (como la temperatura y el dolor), externos (visión, olfato, audición, tacto, gusto) e internos (interocepción, propiocepción). Esta información multi-sensorial la integra e interpreta como un todo, generando una reacción adecuada del cuerpo (a través del tono muscular) para interaccionar con el exterior con el fin de lograr mantenerse vivo y regular eficazmente la homeostasis. 

Las funciones mentales y sociales del cerebro, desde los primeros años de vida, comienzan a activarse fundamentalmente con procesos sensoriales y motores. Este desarrollo y maduración del sistema nervioso se activa con el movimiento y opera por medio del sentido del tacto y la propiocepción, cuando el bebé interactúa con el entorno fundamentalmente a través de la boca (Etapa sensorio-motora, Piaget). 

Los múltiples receptores sensoriales que inervan la cavidad oral y la faringe proporcionan el primer vínculo en los reflejos que controlan los músculos de toda la cabeza, el tracto gastrointestinal superior y las vías respiratorias. La mayoría de los reflejos afectan a la diversidad de músculos que componen la lengua, que es vital para todas las etapas de la alimentación y que afecta continuamente a la permeabilidad de las vías respiratorias.

Los reflejos trigémino-faciales desempeñan un papel importante en la coordinación oromotora y proporcionan al sistema nervioso un conjunto de patrones elementales de coordinación que pueden ser activados por estímulos sensoriales y/o por señales descendentes de la corteza cerebral.

La propiocepción

La propiocepción es un órgano sensorial (como la vista o la audición) que funciona gracias a la presencia de pequeños sensores, sensibles al estiramiento y que se encuentran en todos los músculos, ligamentos, articulaciones. La propiocepción siempre funciona en colaboración con los otros sentidos con los que constituye un sistema llamado postural, ya que al inicio se le atribuyó el papel de regulación de la postura. 

La propiocepción tiene un papel central, el “sentido del movimiento” (Prof. A. Berthoz, College de France de neurofisiología) ya que le indica permanentemente al cerebro donde se colocan los otros órganos sensoriales. 

Actualmente al sistema proprioceptivo se le reconocen tres funciones:

  • regulación del tono muscular (postura).
  • localización espacial de la información sensorial visual, auditiva, oral, etc.
  • integración de la informaciones multisensoriales.

La boca es el área de mayor neuro-sensorialidad del cuerpo, mayor densidad de receptores, lo que se traduce en mayor representación en el cerebro, como lo muestra el mapa sensorial del cerebro llamado homúnculo somato-sensorial. La sensación predominante en la boca es el tacto. En la boca confluyen funciones complejas básicas de supervivencia como la deglución, la masticación, en ciertos momentos la respiración, además de ser un área de comunicación (habla, gesticulación) y de liberación emocional (reír, gritar, besar o llorar). 

El análisis de la postura (tanto corporal como oral=maloclusión) es un medio útil para comprender el funcionamiento propioceptivo. 

Diversos estudios también  han demostrado que los patrones de sueño alterados y la apnea del sueño son comunes en niños con respiración bucal persistente. Estos niños también sufren problemas como dificultad para mantener la atención en la escuela, se fatigan fácilmente, tienen letargo y problemas de conducta. Estos síntomas son similares a los síntomas del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), esto conduce a un diagnóstico erróneo de TDAH en muchos niños que son respiradores orales  con trastornos del sueño asociados.  La literatura también muestra que los niños con problemas respiratorios como ronquidos, respiración bucal o apnea tienen entre 40 y 100 veces más probabilidades de desarrollar problemas de conducta similares al TDAH.

La dispercepción oral es el trastorno del procesamiento de la sensorialidad oral y suele pasar desapercibido si no se tiene una preparación específica, especialmente en el niño. Normalmente, esta dispercepción oral está asociada a una disfunción propioceptiva. El individuo presentará más de uno de estos signos/síntomas: 

  • Nivel de alerta: hiper o hipo-activo. Dificultad en el comportamiento.
  • Dificultad para mantener postura y cabeza centrada: no es tan evidente en el niño, pero aumentan gradualmente con la edad. Asimetría tónica.
  • Falta de concentración, dificultades de aprendizaje, problemas de  desarrollo. 
  • Retraso en el habla, lenguaje, habilidades motoras o rendimiento académico. Dislexia.
  • Hipersensibilidad: a las luces, sonidos, tacto, etc.
  • Deficiencias en coordinar movimientos, regular el equilibrio, torpeza   general o al realizar actividades coordinadas con las dos manos. 
  • Dolores múltiples, cambiantes: de cabeza o abdominal, piernas, columna, etc.
  • Alteración del sueño: se mueven, tienen posturas raras en la cama, pesadillas, se hacen pis, etc.
  • Baja autoestima o falta de seguridad en uno mismo.
  • Maloclusión, apiñamiento dental, bruxismo o apretamiento de los dientes.
  • Respiración por la boca, dificultad en la deglución, masticación unilateral.